miércoles, 3 de enero de 2018

Consejo Martiano Municipal debatió hoy proyecciones de 2018 en Contramaestre


Hoy se reunió el Consejo Martiano Municipal de Contramaestre, en su primer encuentro del año 2018. En la cita se votó la nueva dirección del mismo. Arnoldo Fernández fue ratificado como presidente, Jorge Luis Masabó Parada, vicepresidente y Antonio Isaac Hechavarría, secretario. Todos los presidentes de clubes fueron ratificados. 

Como parte de los puntos del encuentro se debatió intensamente el anteproyecto a presentar a la Junta Nacional de la Sociedad Cultural José Martí y al Poder Popular Municipal; en el mismo se expresan todos los elementos de crecimiento orgánico, trabajo sociocultural, relaciones interinstitucionales y comunicación, que nos permitan pasar a un estadio superior de desarrollo.

El tema del 10 %  del programa de desarrollo local estuvo en el centro de todos los elementos del “anteproyecto”. Cada miembro del Consejo Martiano expresó de forma individual su valoración de lo presentado y se fijó un cronograma para hacerlo llegar a las diferentes instancias de aprobación.

Un momento clave aconteció cuando se presentó el organigrama con la fundamentación de la posible Sede de la Sociedad Cultural José Martí en Contramaestre.

Se habló muy fuerte sobre la necesidad de hacer valer el artículo 36 de los Estatutos de la organización  donde se expresa: “Asimismo, se podrán crear Consejos  Martianos que agrupen clubes con temáticas afines  con subordinación nacional…” Se fundamentaron todos los elementos relacionados con esa necesidad del municipio Contramaestre.

También se habló sobre los nuevos vínculos orgánicos que deberán construirse, donde se potenciarán las relaciones de trabajo directas con la Junta Nacional, a través de correos electrónicos, intercambios de asociados e intercambios regionales y nacionales.

Con mucha pasión se presentó el cronograma anual de todos los Diálogos de generaciones que deberán concretarse en los diferentes públicos;  así como la elección cuidadosa de los temas y el impacto que se pretende lograr con cada uno.

Al concluir la cita, el Consejo Martiano ratificó la divisa de seguir trabajando por la “utilidad de la virtud”, con énfasis en todos los segmentos de la población, seguros de que con la sabia martiana, en todo hombre o mujer, siempre hay una luz por encontrar.


domingo, 24 de diciembre de 2017

Energía cósmica y fuente de vida en José Martí


Por Arnoldo Fernández Verdecia. 

Ralph Waldo Emerson es una de las figuras esenciales del pensamiento estadounidense que influye en el modo martiano de asumir las ideas y comunicarlas, a tono con la cultura que las recepciona y hace suyas en el contexto 1880-1891.  Aquí analizo la forma ensayística de Emerson que tanto influyó en  José Martí cuando llegó a Estados Unidos en 1880, luego de vivir y definir antes el perfil definitivo del dictador latinoamericano. También explico por qué su ensayo “El espíritu de la naturaleza”, sirvió al ilustre cubano para comunicar ideas renovadoras vinculadas a nuestra América en la segunda mitad del siglo XIX. 

Emerson fue considerado por sus pares europeos un filósofo menor, incluso se le dio un tratamiento peyorativo en la ciencia filosófica, pues su obra estaba escrita en forma de ensayos y según los eruditos, no había un despliegue de análisis profundos, ni se proponía en cuestión, un sistema de ideas, unas leyes, unos conceptos que revolucionaran las maneras de hacer filosofía. Así que “(…) fue poco valorado en Europa al considerársele una especie de rapsoda especulativo, cuya propensión declamatoria tenía más que ver con la caricia sentenciosa de las palabras que con el rigor de los conceptos. Lo leían los poetas, los fabricantes de discursos políticos y los aficionados a la literatura, pero no los filósofos”.

Sin embargo, en los Estados Unidos fue considerado uno de los grandes filósofos, como parte clave del engranaje histórico que da surgimiento a esa nación. Emerson postuló la necesidad de hacer el país primero en el pensamiento y después en lo político. En otras palabras, primero la creación de un espíritu nacional, para luego hacer posible una entidad cultural llamada Estados Unidos. Toda su obra ensayística estuvo en función de fundamentarlo.

¿Por qué el ensayo?  Ante todo, porque era un género que permitía colocar el yo en primera persona y dialogaba con el otro en condición de iguales;  así que nada mejor que utilizar ese género para interactuar con un pueblo recién nacido en la geografía planetaria. Su palabra  era capaz de tocar las fibras más sensibles de la nación. A ese estilo ensayístico ayudó mucho la oratoria aprendida en los años de instrucción y educación vividos bajo un fuerte componente religioso, muy afín con su espíritu, marcado por una familia que vivía en el provinciano Boston, unos valores tradicionales, una religión de corte protestante, unos estudios en la Universidad de Harvard, el ejercicio del magisterio en su ciudad natal, y, definitivamente, el hecho de realizar estudios de teología en la Harvard Divinity School y convertirse en pastor siguiendo la huella de su padre.  Así que nada mejor que valerse de una forma narrativa creada en el siglo XVI por el francés Michel de Montaigne, para comunicar sus ideas.  En un país que había llegado tarde a la creación de las grandes escuelas de pensamiento filosófico, el ensayo sirvió para comunicar asuntos vitales relacionados con el alma de la nación.

Todo lo que escribe Emerson, especialmente “El espíritu de la naturaleza”, utiliza a esta última como símbolo para codificar valores espirituales que deben construirse, si en verdad se quiere ascender el camino de la virtud. Así que a tono con esas motivaciones intelectuales, su principal creación cultural es el “trascendentalismo”, que tiene por sustento al ser humano cuando se encuentra en contacto con esa Naturaleza, haciendo uso de la intuición y la observación, proceso que lo hace capaz de comprender la energía cósmica y la fuente creadora de la vida. Sostenía la unidad del mundo y de Dios. A Dios lo concibe como una especie de principio orgánico de la Naturaleza, dicho de manera más poética, es la autoconciencia del universo. Dios es una metáfora profunda para transferir a los humanos las capacidades de la naturaleza, regidas por una voluntad creadora llamada Dios. En la observación de la Naturaleza están los procesos morales que elevan y fortifican al hombre, ellos se reflejan como un espejo en los sujetos cognocescentes, según los estadios morales en los que se encuentren éstos; cada ser refleja lo que su espíritu puede alcanzar a visualizar; el hombre que ha vivido en perpetua relación armónica con la naturaleza, es el mejor dotado espiritualmente para la vida humana. No deja de tener razón Rafael Rojas cuando afirma:

 “Las instituciones  de la ciudad, según San Agustín, eran obra de Caín, quien  como castigo por  fratricidio  debía reproducir  los vínculos  sociales más allá de la familia. La división  del trabajo, el mercado, las aldeas, los pueblos y, por último,  la ciudad- Estado habían nacido, pues, del pecado. Un imaginario muy semejante  aparece  en The Journals de Alcote, en Naturaleza de Emerson y, sobre todo, en Walden de Thoreau. Para Martí, en cuya formación hispano-católica pesaba bastante la teología originaria  de la Patrística, debió resultar  seductora esta confluencia”.

Por las razones aludidas, José Martí se siente atraído hacia  el pensamiento de Emerson expresado en sus ensayos, sobre todo porque viene de una cultura que tiene a la naturaleza como fundamento esencial, sobre todo las culturas mesoamericanas, que explicaron su relación con el mundo a través de analogías  captadas mediante la observación y la intuición, en obras como el Popol Vub; El Güegüense, Libros del Chilan Balan, las Odas de Netzahualcóyotl, el Usca Pankar, Rabinal Achí, el Apu-Ollantay.

José Martí llegó a los Estados Unidos en 1880, allí se estableció y vivió una nación que disfrutó la bonanza del naciente auge capitalista; reconoció sus virtudes, entre las que destacó su constitución democrática y su alto nivel de civismo, en donde, a decir suyo, “cada individuo es dueño de sí mismo”; pero no repara en señalar el marcado apego materialista de la gente, el cual considera cercenador de los valores tradicionales y espirituales que dan fundamento a la familia. 

En medio de ese momento que está viviendo la recién surgida nación norteña: ¿dónde se ubica Martí?, ¿qué referentes utiliza para explicarla? En el contexto mencionado, se orienta hacia el llamado grupo de Concord (Emerson, Thoreau, Alcott, Jones Very, Jhon Brown, Orestes Browson, Theodore Parker y Margarita Fuller), sobre todo su principal ideólogo: Emerson. ¿Por qué lo hace? Para Martí, el “El espíritu de la naturaleza” es una iluminación estremecedora; según Rafael Rojas

“…a  través de Emerson, Martí descubre  que la propia cultura de los Estados Unidos  ofrece un método para narrar esa compleja nación” (…) Martí insiste  en contraponer el humanismo natural de Emerson al frenesí urbano de la modernidad neoyorkina. La muerte del sabio de Concord es una oportunidad  ideal  para enfrentar  ambas analogías (la del hombre-ciudad que va de Platón a Hegel y la del hombre-paisaje que va de San Agustín a Rousseau, y, sobre todo, para oponer a la secularidad tumultuosa del mercado y la urbe la sacralidad  solitaria de la naturaleza y el espíritu…”

¿Qué había vivido José Martí antes de llegar a Estados Unidos?

Siguiendo a Rafael Rojas, Martí ha vivido la analogía cultural del hombre paisaje, pues sus ideales lo han convertido en un viajero que lo mismo está en Europa, América Latina, Estados Unidos, la América insular y continental. Es un hombre del mundo, alguien que ha tenido la certeza de captar el nacimiento de esa otra analogía llamada hombre-ciudad, y comprende que ante los embates de ese proceso, nada mejor para salvar los valores tradicionales sobre los que descansan los pueblos y las familias, que la “sacralidad solitaria de la naturaleza”. En el periplo por nuestra América ha observado  con ojo crítico tres dictaduras de distinto calibre, que negaron la inteligencia indígena. Según Martí, en ellas está el destino de este costado del mundo, pues: “La inteligencia americana es un penacho indígena. ¿No se ve  cómo del mismo golpe  que paralizó al indio, se paralizó América? Y hasta que no se haga andar al indio, -no comenzará a andar bien la América”.

En México vive ente 1875-1876; allí enfrenta uno de los males más arraigados de la política latinoamericana después de la separación de la metrópoli española: el dictador encarnado en Porfirio Díaz. El triunfo militar de este último, a fines de 1876, sobre el gobierno legalmente constituido, abre camino a un sector de la burguesía mexicana plegado a los intereses estadounidenses y amparados en una versión del positivismo considerado por los llamados "científicos", bandera del progreso. Martí rechaza esa versión, con la misma energía con que rechaza el golpe de Estado de Díaz, abandonando el país. Su visión del golpe  militar la refleja  en las páginas del Federalista, específicamente en sus artículos “Alea jacta est”,  “La situación” y “Extranjero”, publicados el 7,  10 y 16 de diciembre de 1876 respectivamente.

En “Alea jacta est”  desarrolla criterios esclarecedores que ilustran su posición ante la dictadura. “(…) una facción quiere a toda costa levantar a su caudillo a la presidencia definitiva de la república; es que una falange de partidarios azuza a su jefe y le extravía; es que un grupo  de voluntades  desordenadas  han hecho garra  en el corazón destrozado del país”.

También es claro al reflejar su posición como liberalista al inclinarse por las soluciones democráticas, siempre respetando el país:

“...ese militarismo  nos irrita: esa falta  de respecto  a la patria  exalta nuestra indignación. Tenemos leyes hechas, caminos  precisos, vías directas  para venir al Gobierno  de la patria: como los grandes  afectos, nuestro amor a la ley no se ha hecho  sentir  aquí  sino en  el momento  en que la hemos visto irrespetada y vulnerada: cada hombre es un sacerdote  de esa religión que no hemos querido respetar”.

Luego señala que el proceso no concluye con el golpe, hace falta otra revolución que restituya el derecho del pueblo para siempre y se alcance una paz en la que el país se rija por las leyes y no por la voluntad de un hombre:

“Una revolución es necesaria todavía: la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones: el levantamiento  de todos los hombres pacíficos, una vez soldados, para que ni ellos ni nadie  vuelvan a serlo jamás!”.

En su trabajo “Extranjero” señala el peligro de la dictadura y la necesidad  de enfrentar ese proceso, califica  esa forma de gobierno como altanera, jinete feliz y vencedor:

“Se levanta un hombre solo sobre la gran voluntad  múltiple  de todos los hombres; mi voluntad ingobernable  se ve gobernada  por una altanera voluntad; mi espíritu libérrimo  siente  contenidos todos sus derechos  de libre movimiento  y pensamiento; la sangre  de mi alma  se detiene  obstruida en su curso  por la sonrisa  satisfecha  de un jinete  feliz y vencedor”.

“...leí aquel decreto inolvidable  en que un hombre  se declara,  por su exclusiva voluntad, señor de hombres...”

Ante el compromiso de apostar a favor de la dictadura para recoger sus migajas o denunciar los males que esta trae consigo, opta por lo segundo:

“No reclamé ciudadanía cuando ella me hubiera servido para lisonjear mejor al poderoso; no hablé de amor a México cuando  la gratitud hubiera parecido servil halago  y humillante súplica...”

Se va a Guatemala, allí vive entre 1877-1878. Llega en un momento en que la oleada liberal sacude a Centroamérica. En esta nación gobierna una nueva generación de liberales que se distinguía por sus ideas positivistas. Dominaba el mundo político allí la figura de Justo Rufino Barrios, caudillo joven y acaudalado, plantador de café en sus haciendas próximas a la frontera mexicana. Barrios inspirado en la predica del pensamiento liberal; movido por ese referente, eliminó todos los fueros y privilegios de que gozaba la Iglesia católica, así el Estado quedó encargado del manejo de la educación. En ese contexto Martí se convirtió en el profesor ideal para ese proyecto. Al mismo se entregó con sublime ardor. El programa educativo estuvo marcado por la introducción del positivismo, el desarrollo de escuelas primarias, la creación de institutos de educación media en las principales ciudades del país y la modernización de la Universidad de San Carlos, con un énfasis manifiesto en las profesiones liberales.

Así después de viajar desde Livingstone hasta Guatemala, a donde llegó en los comienzos del mes de abril de 1877, logró incorporarse como profesor a la Escuela Normal Central; a ella quedó adscrito por medio del director José María Izaguirre, también cubano, ya que tenía amplias referencias de Martí. Durante ese tiempo, el joven profesor cubano comenzó a relacionarse con diversos actores políticos y conoció al ministro de relaciones exteriores, Joaquín Macal. En el mes de abril intercambió personalmente con el presidente Justo Rufino Barrios.

Los sectores conservadores ven en José Martí, por su prédica, pensamiento y enseñanzas, un enemigo peligroso; situación que emerge definitivamente con el intento de una conspiración en contra del presidente Justo Rufino Barrios, a lo que Martí responde con su firma en un manifiesto dirigido a Barrios, condenando el intento golpista de la reacción. De esa facción se declara enemigo abierto, dado que el joven maestro cubano dice en carta a Valero Pujol, fechada el 27 de noviembre de 1877: "Vivir humilde, trabajar mucho, engrandecer a América, estudiar sus fuerzas y revelárselas, pagar a los pueblos el bien que me hacen: éste es mi oficio". Dos días después de escribir aquella carta, parte a la ciudad de México el 29 de noviembre, con el objeto de contraer matrimonio con su compatriota Carmen Zayas Bazán; consumada la boda en la iglesia del Sagrario Metropolitano de la ciudad de México el 20 de diciembre, parten a inicios de 1878 a Guatemala el 26 de ese propio mes.

Ya en Guatemala, vive los aires agitados de los primeros meses del año;  así que en marzo de 1878 empieza a manejar la idea de marcharse debido al ambiente hostil de los círculos oficiales en su contra. Para ese entonces, tenía 25 años. En una carta a su amigo Manuel Mercado, fechada el 30 de marzo de 1878, comenta:

 “Aquí, por celos inexplicables del Rector de la Universidad, hombrecillo de cuerpo y alma, a quien no he hecho más mal que elogiar en un discurso mío otro discurso-lectura suyo que no merecía elogio -me he quedado siendo catedrático platónico de Historia de la Filosofía, con alumnos a quienes no se permite la entrada en clase; y sin sueldo. En cambio, se me anuncia que se me nombrará catedrático de la Ciencia de la Legislación.-Se me abriría con esto un vasto campo, y yo sembraría en él la mayor cantidad de alma posible.-Doy gratuitamente una clase de filosofía: el mejor sueldo es la gratitud de mis discípulos”.

En ese ambiente, para el mes de abril de 1878, José Martí también tiene que renunciar a la Escuela Normal, en virtud de que el presidente Justo Rufino Barrios, depone arbitrariamente al director de esa institución, el cubano Izaguirre.

A Martí se le hacen inaceptables los modos bruscos de Rufino Barrios y decide abandonar el país en 1878. Según el estudioso Roberto Fernández Retamar:

“Los estudiosos de Guatemala con criterio progresista suelen juzgar la política de Barrios de manera positiva (...). No parecen ser los propósitos de ese gobierno lo que Martí impugna, sino, como hemos dicho, el estilo excesivamente riguroso del gobernante”.

La experiencia de Venezuela la vive en la primera mitad del año 1881, allí termina de conformar su visión del perfil despótico del dictador latinoamericano,  encarnado esta vez en Antonio Guzmán Blanco. La situación con este general presidente se hace insostenible,  sobre todo en el mes de julio, en el que publica el primer número de la Revista Venezolana y sus trabajos en La Opinión Nacional. Martí sigue siendo un entusiasta defensor de las ideas liberales, hecho que confirma su veneración por el intelectual Cecilio Acosta, fallecido el 8 de julio de 1881. El 21 de ese mismo mes, publica en la Revista Venezolana un elogioso trabajo  dedicado a Acosta, quien se caracterizaba por una oposición abierta a Guzmán Blanco. El 27 de julio el edecán del general-presidente le comunica que debe abandonar el país.

Sobre Cecilio Acosta, Martí escribió ideas que espantaron al dictador:

 “Él fue un abarcador y juzgador. Como que los hombres comisionan, sin saberlo ellos mismos, a alguno de entre ellos para que se detenga en el camino que no cesa y mire  hacia atrás, para decirles cómo han de ir hacia delante; y los dejan allí en alto, sobre el monte de los muertos, a dar juicio...”

En cuanto a la manera de hacer economía política escribe:

“Anhelaba que cada uno fuese autor  de sí, no hormiga  de oficina, ni momia de biblioteca, ni máquina de interés ajeno; “el progreso es una ley individual, no ley de los gobiernos”; “la vida es obra”. Cerrarse  a la ola nueva por espíritu de raza, o soberbia de tradición, o hábitos  de casta, le parecía crimen público”.

Sobre la república como forma de gobierno señaló: “Quiere a los americanos  enteros: “la República no consiste en abatir, sino en exaltar los caracteres para la virtud”.

En cuanto a América precisa: “...nadie ha dicho más: “pisan las bestias oro, y es pan todo lo que se toca con las manos”. Ni de Bolívar: “la cabeza de los milagros y la lengua de las maravillas”. Ni del cristianismo: “el cristianismo  es grande, porque  es una preparación para la muerte”.

El ejercicio de gobierno puntualiza, no es más que: “Suavizar: he aquí para él el modo de regir”.

En un fragmento del texto es casi explicito sobre los dictadores, al decir: “Otros van por la vida a caballo, entrando por el estribo de plata; y él iba a pie, como llevado de alas, defendiendo a indígenas, amparando a pobres...”

El 28 abandona Venezuela, pero en su mentalidad se acaba de conformar definitivamente el modelo del caudillo dictador, que tan amargas páginas escribirá en las páginas de nuestra historia americana.

La experiencia latinoamericana vivida por José Martí, en tierras de México, Guatemala y Venezuela, le permiten comprender definitivamente que su compromiso está pactado a favor del hombre natural y no al lado de los dictadores. No por gusto en México dice que “La conciencia es la ciudadanía del universo”. Este criterio lo madura cuando parte de Venezuela y regresa nuevamente a Estados Unidos.  Allí se encuentra con Emerson y su monumental ensayo “El espíritu de la naturaleza”. De sus páginas se alimenta; se convierte en el complemento filosófico que necesita para adquirir una cosmovisión propiamente latinoamericana; es decir, entender y asumir el destino de un continente, urgido de una identidad política y culturalk, tras el proceso de descolonización española  y la oleada de dictaduras, que han sembrado despojo y negación en la identidad nuestra americana.

El ejercicio del pensamiento en José Martí inicia entonces una búsqueda  que permita mover ese penacho indígena, colocarlo en el nuevo orden histórico y comunicar  todos sus valores universales afines. Pero: ¿Dónde encontrar las formas de pensamiento que despierten esas energías? ¿Acaso en los sistemas filosóficos europeos? No, en las mismas fuentes indígenas, a ellas hay que volver, por eso escribe:

“Ellos  imaginaron su gobierno, su religión, su arte, su guerra, su arquitectura, su industria, su poesía. Todo lo suyo es interesante, atrevido, nuevo. Fue una raíz artística, inteligente y limpia”.

Utiliza una codificación cultural profunda: “raíz artística, inteligente y limpia”, se trata entonces de encontrarla, extraerla, visibilizarla y compartirla, para que el indio pueda andar con dignidad en América.  A esa tarea se entrega completamente para sacudirlo, darle aliento de vida y hacer que la gente se de prisa por conocer su historia, adelantos, todo, porque la salvación es posible si esa sabiduría ancestral es incorporada a tiempo y desde ella potenciar eso que se atrevió a definir como “nuestra cultura americana”.

Martí, siguiendo a Emerson, se valió del ensayo para buscar y comunicar esos valores;  en especial, uno de ellos, considerado medular: “Nuestra América”:

“El hombre  natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras esta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo  de él, que es cosa que no perdona  el hombre natural, dispuesto a recabar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Por esa conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder: y han caído, en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas  han purgado  en las tiranías  su incapacidad  para conocer los elementos verdaderos del país, derivar  de ellos la forma de gobierno, y gobernar  con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador”.

 “Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la naturaleza”.

“(…) el deber urgente de nuestra América es enseñarse  como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada solo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, -y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable que no la conoce es el peligro mayor de nuestra América;  y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos”.

Con estos pensamientos desarrollados entre 1880-1891, bajo el influjo del hombre natural postulado por Emerson; Martí adquiere plena conciencia de la necesidad de revelar todos los elementos de autoctonía que unen a la América hispana; sabe a ciencia cierta, que han de darse prisa los pueblos de esa porción del mundo, por conocerse e integrarse, para hacer la proeza de desarrollar otra vez una civilización original, distinta a la de los colonizadores, con una raíz artística, inteligente, limpia  y ese penacho indígena desplegado sobre el lomo del cóndor, y sentir como el Gran Semí regó “por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!” 

Citas bibliográficas y notas

1. Ralph W, Emerson: El espíritu de la naturaleza, disponible en www.librodot.com 

2.  Al respecto sugiero leer en Biografías, los argumentos que profundizan esta visión de Emerson, en http://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/3104/Ralph%20Waldo%20Emerson

3.  Montaigne, en http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/montaigne.htm, consultada el 19 de noviembre de 2016.

4. Rafael Rojas: José Martí:  la invención de Cuba, Editorial Colibrí,  España, 2000, p. 61

5. Ver Autores americanos aborígenes, p. 158; en Leonardo Acosta: José Martí. El indio de Nuestra América, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2015.

6. Ver Rafael Rojas: José Martí: la invención de Cuba, p. 52.

7. Rafael Rojas: José Martí: la invención de Cuba, p. 59

8. Autores americanos aborígenes, p. 10 y 160 respectivamente; en Leonardo Acosta: José Martí. El indio de Nuestra América, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2015.

9. José Martí. Alea jacta est, El Federalista, México, 7 de diciembre  de 1876, en Obras Escogidas, Tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, , p. 98

10 José Martí. Obra citada, p. 99

11 José Martí. Obra citada, p. 99

12 José Martí. Extranjero, En El Federalista, México, 16 de diciembre  de 1876. Obras Escogidas, Tomo 2, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 101.

13 José Martí. Extranjero, En El Federalista, México, 16 de diciembre  de 1876. Obras Escogidas, Tomo 2, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 102.

14 José Martí. Obra citada, p. 102

15 En esa etapa de la historia de Guatemala señala el historiador Héctor Pérez Brignoli: "La reforma agraria fue rápida y radical: expropiación de los bienes eclesiástico (1873), abolición del censo enfitéutico (1877, dicho censo daba derechos perpetuos de arrendamiento) y venta y distribución de baldíos (entre 1871 y 1883 fueron vendidas 387.775 hectáreas). Con ellas se constituyó un mercado de tierras, basado en la propiedad privada, en la región más apta para el cultivo del café, esto es, las laderas del Pacífico y las tierras del centro hasta una altura de 1.400 metros". Asimismo agrega dicho historiador en torno a las características del régimen que en el año en que llegó Martí a Guatemala: "El Reglamento de Jornaleros de 1877 resucitó el mandamiento colonial, obligando a las comunidades a proporcionar trabajadores temporales, y reguló las habilitaciones (adelantos de dinero que obligaban compulsivamente a los trabajadores indígenas con un hacendado). Todo ello se complementó con las leyes que reprimían la vagancia y un sistema de control político local". Asimismo en la esfera la reforma guatemalteca basada en el lema "Paz, educación y prosperidad material" tomó las características de "un furioso anticlericalismo y el fomento de las obras y servicios públicos exigidos por la gran expansión del café. Se construyeron caminos y puertos y se inició la gran obra del ferrocarril hacia el Atlántico (inaugurado en 1908) la ruta ideal para exportar el café en ausencia del canal de Panamá (abierto en 1914). Las crecientes necesidades financieras condujeron a empréstitos externos, y muy pronto el propio Estado y los comerciantes locales perdieron el control de la banca, el comercio de exportación y las finanzas" Breve historia de Centroamérica, México, Alianza Editorial Mexicana, 1989, pp. 95-96.

16 José Martí, "Carta a Valero Pujol, Director de El Progreso", Obras completas, tomo 7, p. 112

17 José Martí. Obras completas, tomo 20, p. 46.

18 Roberto Fernández Retamar. Martí y sus circunstancias, en Revista Bohemia, 25 de enero de 1985. Tomado de http://www.bohemia.cu/josemarti/marti_retamar.htm

19 José Martí. Cecilio Acosta, Obras Escogidas, Tomo I, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 244.

20José Martí.  Cecilio Acosta, Obra citada, p. 245.

21 José Martí. Cecilio Acosta, Obra citada, p. 245.

22 José Martí. Ibid.

23José Martí. Ibident, p. 246.

24 José Martí. Ibident, p. 247

25 José Martí. Extranjero. Obras Escogidas, Tomo 1,  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 102.

26 Las ruinas indias, p. 211-212; en  José Martí. El indio de Nuestra América, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2015.

27 José Martí: Nuestra América, en José Martí. El indio de nuestra América, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2015, p. 36-37.

28 José Martí: Nuestra América, en Obra citada, p. 42.

29 José Martí: Nuestra América, en Obra citada, p. 45.

30 José Martí: Nuestra América, en Obra citada, p. 46.