viernes, 25 de septiembre de 2015

Fundado club martiano Yugo y estrella en Baire

Por Arnoldo Fernández Verdecia.

Tomamos un camión de pasajeros y nos fuimos hasta el preuniversitario Comandante Manuel Fajardo en el poblado de Baire,  perteneciente al municipio Contramaestre, ubicado geográficamente en el oriente cubano. Previamente habíamos hecho un trabajo de selección de probables estudiantes para motivarlos a ingresar a la Sociedad Cultural José Martí. El profesor de Historia de Cuba Antonio Domínguez hizo todo el trabajo con los muchachos y muchachas; las condiciones ideales surgieron. Llegamos un 25 de septiembre, Nos esperaban en la puerta de entrada al centro estudiantil. Había una alegría no disimulada. Nos recibió un montón de jóvenes con miradas escrutadoras. Debíamos hablarle sobre la Sociedad Cultural José Martí, la importancia de pertenecer a la misma, derechos y deberes que tendrían luego de afiliarse. El profesor Antonio puso el pie forzado: “Pertenecer a esta organización es un privilegio. No todos pueden hacerlo. Estudiar a Martí, hacerlo nuestro paradigma en la vida cotidiana, es un reto. Ustedes los jóvenes son el futuro, y en el viaje hacia el mismo, nada mejor que ser acompañado por el Maestro”. No podíamos caer en el pecado de hablar como si fuéramos a hacer un crecimiento para una militancia de jóvenes comunistas, miembros de los Comités de Defensa de la Revolución, o la Federación de Mujeres Cubanas;  teníamos que dar razones sin caer en los lugares comunes de esas prestigiosas “organizaciones de la sociedad”. ¿Qué decir entonces a aquellos chicos y chicas?  No podíamos comunicarles una jerga poco creíble, ni hablar como politiqueros de oficio. Formar cubanos dignos, útiles a la Patria, era el mensaje principal. Lo otro, ¿cómo decirlo? Entonces propusimos la elaboración de una agenda turística con los principales valores de la naturaleza, la historia y la cultura de Baire. Armaron la misma y surgieron lugares y sitios que muchos no habían visitado en su corta vida. Luego hablamos de conformar una agenda turística regional, y en primer lugar colocaron la Ruta  Funeraria de José Martí, Barrio Remanganagua y el Pico Turquino. El entusiasmo era tanto, que no podían estarse quietos, ¿cuándo empezamos? dijeron a coro. Primero había que elegir a un coordinador del club, su tesorero y el responsable de llevar el proyecto de vida para hacer cumplir las agendas pactadas. Manos levantadas, propuestas, votaciones y las funciones mencionadas ya tenían a sus líderes actuantes. Dijimos que de ellos dependería todo, lógico, con el apoyo del Consejo Municipal de la Sociedad Cultural  y la Junta Provincial;   ahora tenían que empezar y no quedarse en la intención y el embullo criollo  tan caracterizador de los cubanos. Hicimos fotos para documentar los momentos de la solicitud de afiliación a la Sociedad Cultural y finalmente nos tomamos una colectiva. Luego entregaron todo el trabajo realizado durante varios años con la obra martiana, prueba evidente de la madurez del paso que estaban  dando en sus vidas. Más de cinco gigas con materiales audiovisuales ya formaban parte del patrimonio de la Sociedad Cultural en Contramaestre. El paso decisivo ya estaba dado. Nos abrazamos largo y allí prendía la antorcha del club nombrado por ellos mismos: “Yugo y estrella”. Iniciaban el camino de la ascensión hacia la virtud, veremos cuántos llegan, cuántos quedan; pero  el paso más importante, ya lo habían dado y sumaron más de veinte los que espontáneamente decidieron apostar por esta organización, con dos décadas de existencia, en la mayor isla del Caribe.

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