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Ser radical en la concepción martiana es ir a la raíz de los males y no quedarse en la superficie. |
No debemos temer a
los cambios en Cuba, prepararnos para ellos es una premisa existencial,
estructural y funcional. Uno de los problemas es la resistencia de algunos
directivos, para cambiar de mentalidad y darle paso al talento real, sin ver
fantasmas, sacados más de la imaginación proteccionista que de las realidades.
La moneda cubana,
el peso, se ha desvalorizado, en compensación nuestro proyecto ofrece la salud,
educación gratuitas, la independencia y
la dignidad, la cual tantos añoran en el mundo, más estas y otras bondades del
sistema no le bastan al obrero que pretende vivir de su salario, aunque este
sea un profesional, los precios se disparan y los productos de la canasta
básica que son por ciertos subsidiados por el Estado no alcanzan, por lo que
muchas personas buscan otras
alternativas, algunas de las cuales no son ni éticas, ni viables, para el
perfeccionamiento de las personalidades y tampoco contribuyen en la educación
en valores, alejándose en la praxis del ideal martiano.
Tal vez el
descontrol y el soborno sean como las malas yerbas, que se cortan y retoñan. Ser
radical en la concepción martiana es ir a la raíz de los males y no quedarse en
la superficie, actuar sobre las causas y no sobre las consecuencias es una
manera de interpretar al Maestro adecuadamente.
La rutina es una
plaga que amenaza convertirse en una
pandemia. Las justificaciones son el ánimo que tratan de darse los incapaces de
crear. La revolución no es un proceso hecho de una vez y para siempre, ella se
construye y reconstruye todos los días, con todos y por todos, no es una obra
de minorías encumbradas, sino de grandes masas, con los pies bien puestos sobre
la tierra, para descubrir los aciertos y los errores.
La patria no es un
simple pretexto, no debe ser un trampolín para buscar ventajas materiales, es
el horno laborioso donde ofrecer lo mejor de cada quien, sin menoscabo de
nadie. Ningún brazo es débil para sostener la bandera, ninguna voz es tenue
como para no ser escuchada. Le asistió la razón a Carlos Marx cuando afirmó: “El
hombre piensa según vive”, en eso como
en otras cosas no se equivocó. Sucede que algunos de los que viven en centros o
capitales, se estiman sobre un pedestal
y desdeñan a los provincianos. ¿Qué decir de los que nos ubicamos en la
periferia, en los municipios, o más allá en los pueblos aldeas, recodos, campos
y montañas?
Los deberes son de todos como también los derechos, tal
como nos enseñó Martí, el talento debe tomarse en consideración venga de donde
venga, parafraseando sus ideas: No importa si su linaje es de cuna de bordes
decorados o de hamacas desteñidas.
El sol nace para
todos. Somos materia estelar viviente. Con este planeta se está comprometido, en
la búsqueda del equilibrio del mundo en lo ecológico y en lo ético y estético,
y en la conservación de todas y cada una de las especies.
La medida es una
categoría fundacional, encontrar el justo centro en los modos de pensar y
actuar, sigue siendo un reto para las presentes y futuras generaciones. Si se desea perfeccionar el proyecto social
socialista, debe estudiarse el pensamiento y acción revolucionaria de José
Martí, de hecho es una de nuestras prioridades para interpretar mejor las
realidades y acometer acciones de transformación que lleven al desarrollo
progresivo en la lucha contra la pobreza, el bloqueo económico y todo lo que dificulte
la felicidad de nuestro pueblo.
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